lunes, 5 de septiembre de 2011

Primer día en Kuala Lumpur

La historia comienza una vez arriba del avión, donde luego del despegue, que había tapado mis oídos por completo,  comencé a jugar con el control remoto que se encontraba en mi asiento. Tratando de habilitar la sección de videojuegos pulse, sin quererlo, el botón que llama a la azafata, cumpliendo con su deber, se acerca a mi asiento y comienza a decirme algo en inglés con acento asiático que debido a  mi sordera no podía comprender. Totalmente confundido, impresionado por el despegue y completamente sordo fue mi primera interacción hablando en inglés con un desconocido, lo  que intentaba indicarme era  que apague la luz que sirve para llamar a la azafata.

El resto del viaje en avión fue placentero, por alguna razón no sentí la incomodidad que había experimentado en otros vuelos, de hecho lo disfrute totalmente, el avión era gigante y tenía una pantalla con datos de altitud, localización, velocidad, etc.

Una vez en el aeropuerto, el cual es gigante, tardé unos cuantos minutos hasta darme cuenta que para ir a inmigración y retirar mi equipaje me tenía que tomar un tren interno. Rápido, tecnológico y con una voz femenina que salía de los parlantes dando indicaciones, me sentí parte de un videojuego, sensación que volví a tener en numerosas ocasiones  más adelante en el viaje. Hasta ahí todo marchaba según lo esperado, ya había visto imágenes del aeropuerto de Kuala Lumpur y sabía que era uno de los más lujosos del mundo. 

Luego de enterarme que el vuelo de Sofí llegaba a otro aeropuerto marché hacia el mismo, mucho más austero que el anterior. Me quedaban unas 14 horas de espera hasta el arribo de su vuelo, por lo que decidí tomarme un micro hacia lo que yo creí que era el centro, no me preocupe mucho por saber hacia dónde iba, ya que solo quería hacer tiempo y recorrer, el destino me era indiferente.

La parada a la que me dirigía resultó ser KL Sentral un lugar que hace de nexo para todos los transportes de la ciudad (mi erróneo sentido común asocio central con centro, o sea donde se encuentran las torres, según mi concepción de centro). A mitad de camino un grupo de personas (malayos supongo) se subieron ruidosamente e igual de ruidosamente (entre gritos y confusión) se bajaron en una de las paradas que ya se veía como dentro de la ciudad, por alguna razón casi todos se bajaron ahí y porque no, me bajé yo también (había intentado preguntarle al conductor donde me tenía que bajar, pero era uno de los pocos que no saben ni una palabra de inglés en este pais).

La hora que siguió a esa decisión fue de total confusión y desconcierto, un lapso en el cual me ofrecieron sexo y masajes, marihuana, dvd´s,  artesanías, ropa imitación, comidas de inexplicables olores, frutas extrañas,  un iphone de contrabando, mil taxis y alguna que otra cosa más… me había bajado cerca de Pasar Seni, en las afueras del barrio chino. Nada de torres petronas ni tecnología o monorrieles, choqué abruptamente con un barrio plagado de locales de todo tipo, el cual contenía  la interesante, aunque shockeante en ese momento, mezcla de culturas de malasia, indios, chinos y malayos (musulmanes). Era el único turista caminando por la zona, lo cual me hizo sentir bastante observado,  entre indios de piel negra con su carácteristico punto pintado en la frente, mujeres musulmanes con su velo y chinos en cantidades que exceden la de un supermercado. Luego de un rato de procesar lo que estaba pasando y preguntarme infinitas veces como es que YO estaba en ese lugar, pregunté a un vendedor (de bangladesh), como podía llegar a las torres Petronas.

De a poco las cosas volvieron a cuadrar dentro de lo que más o menos había podido ver sobre el lugar antes 
de venir. Tomé el monorriel y arribé rápidamente KLCC, o sea la zona donde se encuentran las torres.  El cambio fue busco, ahora me encontraba dentro de un shopping que alojaba las marcas de ropa más conocidas a nivel mundial, un shopping de un tamaño mucho más grande que aquellos que están en buenos aires.  Caminé por el parque que rodea las petronas, me maraville con su tamaño y arquitectura, padecí levemente el aire acondicionado, aunque lo preferí sobre el intenso calor que hacía afuera.

Me acerqué al patio de comidas, solo para curiosear siendo que esperaba platos ridiculamente caros y de baja calidad, como suele pasar en cualquier shopping ,  para mi sorpresa los precios de la comida eran ridículamente bajos acorde con el contexto, podía comer casi en cualquiera de los puestos por el valor de entre unos 10 o 15 pesos argentinos.  Igualmente preferí buscar otro lugar-

Una vez fuera del shopping, sentado en el parque, leyendo el libro sobre el siglo XX de Eric Hobsbawm, escuché (hablando de sentirse en un videojuego o una película) un canto musulmán que ambientaba de una forma muy exótica mi lectura, este sería el primero de los tantos que escucharía a lo largo de mi recorrido por malasia, donde cada unas cuantas horas comienza uno.

Luego de unas cuantas vueltas volví al aeropuerto donde dormité incomodísimo durante horas hasta encontrarme con Sofi. El encuentro fue extrañísimo al principio y al cabo de unas horas ya todo era como si nunca nos hubiésemos separado, como si el tiempo no hubiese pasado, aunque el contexto… totalmente otro. Nos pusimos al día de muchas cosas, las cuales prefiero dejar en el plano de la intimidad, solo voy a comentar que reencontrarse estuvo excelente y que el contexto lo acentuó tanto en su extrañeza como en su intensidad.

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